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ICARO Agosto

“Tengo verdadera curiosidad por todo lo que es
posible y existe realmente”
Vincent Van Gogh
Comienza el semestre para algunos, y para otros recien está terminando. Los exámenes, la exigencia de tiempo y sacrificio,vuelven más fuerte en uno la pregunta acerca de todo lo que vivimos en la universidad. Cada cosa que estudiamos, nos invita a ir más al fondo de esta realidad en la que nos toca estudiar. Si estamos atentos, reconocemos y a la vez nos impresionamos de cómo están hechas las cosas, de cómo funcionan, de que existan de una manera que uno ni siquiera había imaginado. Cosas que uno evidentemente no ha hecho, que ni siquiera las había pensado y que son demasido grandes como para ser solo producto de la casualidad (fenómenos de la naturaleza, sociales, históricos, etc.) ¡Tiene que existir Otro que las pensó, que las hizo y que me las da! Y entonces ante este estupor tan grande se vuelve evidente la necesidad de que el estudio tenga que ver con la vida. También en los momentos áridos y más difíciles.
Entonces ¿Por qué estudiamos? Finalmente no basta con la nota, o la idea de tener un título. No nos sostiene y sobre todo no responde a nuestro deseo . Uno siempre lo espera todo, en cada cosa que nos toca vivir y en lo que nos toca estudiar; que la página que nos toca estudiar nos sorprenda, nos impacte, que sea una novedad, que tenga que ver con nuestra felicidad. Queremos seguir este deseo hasta al final y no conformamos con menos.

ICARO Julio

¡¡Necesitamos una sola cosa: todo!!

Esta afirmación de Roberto Benigni en su película “El tigre y la nieve” expresa la necesidad que nos constituye y que, en estos días, se manifiesta de tantas maneras disímiles. Lo que está, en el fondo, de las manifestaciones y paros que se viven en nuestras universidades es esta necesidad de algo totalizante, que logre responder a este deseo que somos. Sin embargo, vemos que la respuesta violenta y reactiva de algunos de nuestros compañeros no es proporcional al deseo del cual nace. Tanto es así, que uno sigue esperando una respuesta que logre satisfacer este deseo de justicia, de bien, de belleza en cada cosa que vivimos. De hecho, ahora tenemos que volver a estudiar.
Es más, es triste ver cómo precisamente en la universidad se ha perdido, en último término, la confianza en la razón. Y es como si la propuesta que se nos hace radicara siempre más en la fuerza que en la razón. Así se intenta imponer violentamente lo que se ha determinado como bueno y necesario con poca apertura a lo que el otro es y piensa. Pero la Universidad se ha caracterizado desde siempre por ser el lugar donde se secunda este deseo de conocer la realidad junto a otros, que por muy
distintos y diversos que sean en ideas políticas, temperamento o incluso físicamente, poseen el mismo deseo.
Como dice el papa Benedicto XVI en su frustrado discurso en la Universidad La Sapienza en Roma “Creo que se puede decir que el verdadero e íntimo origen de la Universidad está en el afán de conocimiento, que es propio del hombre. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere la verdad.”
Juan de Dios Vial Correa decía: “se ha perdido la esperanza de que el conocimiento, el trabajo que hace la inteligencia en busca de la verdad, sea un camino hacia la libertad y la plenitud del hombre”. Porque, en el fondo, la violencia nace de un idea preconcebida que te impide, en último
término, conocer algo que no sabes y, en segundo término, lo que crees saber ya de algo que no sabes es simplemente lo que piensan los demás, ni siquiera es una idea original tuya. Y lo que está en juego en esta aventura del conocimiento no son ideas o teorías abstractas; se trata nada menos que de nuestro propio yo. Es necesario volver a retomar esta lucha que implica no separar la razón de la experiencia. Como decía Guitton: “razonable es quien somete la razón
a la experiencia”… Y por más manifestaciones, paros, violencia que haya yo todavía lo necesito todo y no me puedo quedar tranquilo hasta que encuentre algo que pueda, realmente, contestar de manera total a lo que soy.

Movilizaciones 2008: ¡¡El cambio que esperamos no proviene del gobierno!!

Nuevamente, nuestras universidades están en paro y movilizaciones. Pero, ¿por qué, en el fondo, estamos parados? Porque muchos de nuestros compañeros piden que se retire la Ley General de Educación en discusión en el Parlamento y que se proponga un nuevo proyecto de ley representativo, además de una serie de petitorios que buscan responder a
necesidades propias y justas de cada institución. Claramente, piden a gritos un cambio en la educación. Sin embargo, se habla de educación sin fijarse hasta el fondo en qué es la educación. Nos llaman así a una movilización diciéndonos: “sólo parando podemos desligarnos de la carga académica para asistir a las marchas”.
Así discutimos partiendo de una premisa falsa: la educación entendida desde una lógica puramente economicista: no hay otro incentivo que no sea la plata; no hay otro dinamismo que no sea la competencia: No hay otro criterio que no sea “el producto” medido con ciertos instrumentos.
Es más, “los universitarios mismos nos estamos dejando llevar por la falacia de que la solución al problema de la Universidad depende de una feliz regulación legislativa y de una mayor afluencia de recursos económicos provenientes de los presupuestos públicos y de las empresas privadas. No nos percatamos de que burócratas y que tecnócratas, salvo honrosas excepciones, no entienden en qué pueda consistir lo específicamente universitario, y además no les inquieta en absoluto. La salida del atolladero nunca vendrá desde fuera de la Universidad. Son los propios universitarios, profesores, gestores y alumnos quienes han de renovar desde dentro la institución que les acoge y, que ha de ser ella misma, sujeto y objeto de continua innovación. Nadie lo va a hacer por ellos, mejor que ellos si ellos no lo hacen” (Alejandro Llano).
En resumidas cuentas, estamos corriendo el riesgo de quedarnos en la misma lógica económica y burocrática que queremos cuestionar. Para un cambio real hay que partir de otro punto.
Es cierto que todos buscamos una educación de calidad; pero es cierto también que no es una estructura la que pueda otorgárnosla, porque, en el fondo, la educación es ante todo una relación que nace del ponernos la pregunta de quiénes somos. Porque si esperamos todo del sistema; entonces nos concebimos a nosotros mismos, en última instancia, como pieza de un engranaje. Y, sin embargo, no podemos ser solo eso, esperamos mucho más.
Quedamos enfrentados a lo que nos toca día a día, con la necesidad de encontrarnos con otros que nos ayuden a vivir todo: el estudio, el afecto, la política, la profesión, que nos ayuden a mirar toda realidad, toda la vida con pasión y simpatía. Partir de estas exigencias que constituyen nuestro centro, nuestro “corazón”, no es partir de poco, es comenzar de los verdaderos motores de cualquier cambio social.

“Las fuerzas que mueven la historia son las mismas que mueven el corazón”
Luigi Giussani

Día del joven combatiente: y ¿el día después?

Un día en que las universidades cierran sus puertas más temprano, un día en que los trabajadores vuelven a sus casas antes. En fin, todos parecen querer encerrarse en sus casas porque este día se ha convertido en un día en que algunos expresan la disconformidad a través de la violencia. Es como si todos, en el fondo, nos resignáramos a que otros hagan memoria de un hecho injusto de la peor manera: recordando violencia con violencia.

Pero, ¿no existirá otra manera de estar frente al dolor y a la injusticia? Porque todos hemos en algún momento experimentado que este mundo no es justo... y hemos pensado que la culpa es siempre de otros... Entonces, así, al parecer nos hacen creer que la única posibilidad de ser hombres -como plantea Jouvenel- es imponerse a sí mismo y convertir a los otros en instrumentos de la propia voluntad y el único heroísmo es el de reaccionar frente a la injusticia, al dolor, a la frustración mediante esta expresión catárquica y violenta. Pero, en el fondo, después de haber roto con todo, al otro día cada uno vuelve a la "normalidad", a la "cotidianeidad"... y el mundo entero queda tal cual... Tiene que existir Alguien que nos libere, que nos haga capaces de enfrentar la realidad y que vuelva lo cotidiano heroico.

"Era necesario que lo heroico se volviera cotidiano y lo cotidiano heroico"

Libertad en la Universidad: La historia de Ratisbona se repite

El 17 pasado Enero, la Universidad "La Sapienza" iba a recibir a Benedicto XVI, quien pronunciaría un discurso a la comunidad universitaria. Sin embargo, este acontecimiento no llegó a ocurrir, por la oposición de un grupo de estudiantes y profesores que se opusieron violentamente a la visita del Papa, alegando que éste, cuando era Cardenal, había atacado a Galileo en un discurso pronunciado en 1990. Nuevamente, una citación hecha por el Papa (esta vez del filósofo agnóstico Feyerabend) es sacada de contexto, denunciada como juicio del mismo Pontífice - ¡defensor de la personalidad histórica de Galileo y autor de su rehabilitación, en 1992! - , y causa de un gran escándalo. Frente a la violencia de la situación, el Papa resolvió no asistir a la Universidad; en cambio envió su discurso, que fue leído poco tiempo después a la comunidad universitaria; y que se ha difundido y comentado ampliamente, con grandes muestras de apoyo a Benedicto XVI.
Nace la pregunta... ¿Por qué el cuerpo docente y estudiantil de una Universidad laica, que se dice tolerante y respetuosa, que se suscribe a la sentencia volteriana: "No estoy de acuerdo contigo, pero daría la vida para que pudieras expresar tu opinión", le cierra así las puertas a Benedicto XVI? Nuevamente, como en Ratisbona, el escándalo de la citación es una excusa: la verdad es que produce escándalo este Papa, que se permite hablar no solo de la fe, sino de su relación con la ciencia y el conocimiento. Produce escándalo este Papa que interpela al hombre a utilizar la razón en toda su amplitud, que exhorta a devolverle a la razón humana toda su dignidad.
El Papa, como representante autorizado de una tradición dos veces milenaria y de una sabiduría que los siglos han probado, nos lanza a todos el gran desafío: la universidad es libre y autónoma para poder cumplir la misión de mantener viva la sensibilidad por la verdad, de mantener al hombre en la búsqueda de lo único que le corresponde totalmente, lo único que es digno de él.
Mantener viva la sensibilidad por la Verdad, el deseo por la Verdad, no es una cuestión menor ni un capricho de filósofos. Sólo la devoción por la Verdad puede liberar al hombre de los intereses parciales, del utilitarismo y del poder. "La Verdad os hará libres". Es urgente, es imprescindible, que el hombre no se de por vencido en la cuestión de la Verdad, y ningún problema es más actual, ningún peligro es más real.
El corazón del hombre está hecho para la verdad, y no acepta sustitutos. Agradecemos a Benedicto XVI que nos recuerda una vez más para qué estamos en la Universidad.

Aula magna de la Universidad de La Sapienza de Roma, 17 de enero: los estudiantes de CL se presentan amordazados a la inauguración del año académico en señal de protesta por la "censura" impuesta al Papa.

¿Qué puede y debe decir un Papa en una ocasión como ésta?

Citas del discurso que tenía preparado Benedicto XVI para el inicio del año académico de la Universidad "La Sapienza" de Roma

Es cierto que en otros tiempos la "Sapienza" era la universidad del Papa; pero hoy es una universidad laica, con la autonomía que, sobre la base de su mismo concepto fundacional, siempre ha formado parte de su naturaleza de universidad, la cual debe estar vinculada exclusivamente a la autoridad de la verdad. En su libertad frente a autoridades políticas y eclesiásticas la universidad encuentra su función particular, precisamente también para la sociedad moderna, que necesita una institución de este tipo.
¿Cuál es la naturaleza y la misión del Papado? [ ... ]EI Obispo -el Pastor- es el hombre que cuida de esa comunidad; el que la conserva unida, manteniéndola en el camino hacia Dios, indicado por Jesús según la fe cristiana; y no sólo indicado, pues Él mismo es para nosotros el camino. Pero esta comunidad, de la que cuida el Obispo, sea grande o pequeña, vive en el mundo. Las condiciones en que se encuentra, su camino, su ejemplo y su palabra influyen inevitablemente en todo el resto de la comunidad humana en su conjunto. Cuanto más grande sea, tanto más repercutirán en la humanidad entera sus buenas condiciones o su posible degradación. Hoy vemos con mucha claridad cómo las condiciones de las religiones y la situación de la Iglesia -sus crisis y sus renovaciones- repercuten en el conjunto de la humanidad. Por eso el Papa, precisamente como Pastor de su comunidad, se ha convertido cada vez más también en una voz de la razón ética de la humanidad.
Aquí, sin embargo, surge inmediatamente la objeción según la cual el Papa, de hecho, no hablaría
verdaderamente basándose en la razón ética, sino que sus afirmaciones procederían de la fe y por eso no podría pretender que valgan para quienes no comparten esta fe. [ ... ]: ¿Qué es la razón? ¿Cómo puede una afirmación -sobre todo una norma moral- demostrarse "razonable"? [ ... ] Ve un criterio de esta racionalidad, entre otras cosas, en el hecho de que esas doctrinas derivan de una tradición responsable y motivada, en la que en el decurso de largos tiempos se han desarrollado argumentaciones suficientemente buenas como para sostener su respectiva doctrina. En esta afirmación me parece importante el reconocimiento de que la experiencia y la demostración a lo largo de generaciones, el fondo histórico de la sabiduría humana, son también un signo de su racionalidad y de su significado duradero.
El Papa habla como representante de una comunidad creyente, en la cual durante los siglos de su existencia ha madurado una determinada sabiduría de vida. Habla como representante de una comunidad que custodia en sí un tesoro de conocimiento y de experiencia éticos, que resulta importante para toda la humanidad. En este sentido habla como representante de una razón ética.
¿Y qué es la universidad?, ¿cuál es su tarea? [ ... ] Creo que se puede decir que el verdadero e íntimo origen de la universidad está en el afán de conocimiento, que es propio del hombre. Quiere saber qué es todo lo que le rodea. Quiere la verdad.
Los cristianos de los primeros siglos [ ... ]Acogieron su fe no de modo positivista, o como una vía de escape para deseos insatisfechos. La comprendieron como la disipación de la niebla de la religión mítica para dejar paso al descubrimiento de aquel Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-­Amor. Por eso, el interrogarse de la razón sobre el Dios más grande, así como sobre la verdadera
naturaleza y el verdadero sentido del ser humano, no era para ellos una forma problemática de falta de religiosidad, sino que era parte esencial de su modo de ser religiosos. Por consiguiente, no necesitaban resolver o dejar a un lado el interrogante socrático, sino que podían, más aún, debían acogerlo y reconocer como parte de su propia identidad la búsqueda fatigosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad íntegra. Así, en el ámbito de la fe cristiana, en el mundo cristiano, podía, más aún, debía nacer la universidad.
Y, en efecto, quien sólo ve y percibe todo lo que sucede en el mundo acaba por entristecerse. Pero la verdad significa algo más que el saber: el conocimiento de la verdad tiene como finalidad el conocimiento del bien. Este es también el sentido del interrogante socrático: ¿Cuál es el bien que nos hace verdaderos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: este es el optimismo que reina en la fe cristiana, porque a ella se le concedió la visión del Logos, de la Razón creadora que, en la encarnación de Dios, se reveló al mismo tiempo como el Bien, como la Bondad misma.
Las Facultades de filosofía y de teología, a las que se encomendaba la búsqueda sobre el ser hombre en su totalidad y, con ello, la tarea de mantener despierta la sensibilidad por la verdad. Se podría decir incluso que este es el sentido permanente y verdadero de ambas Facultades: ser guardianes de la sensibilidad por la verdad, no permitir que el hombre se aparte de la búsqueda de la verdad.
Al mismo tiempo, sin embargo, es verdad que el mensaje de la fe cristiana [es]una fuerza purificadora para la razón misma, que la ayuda a ser más ella misma. El mensaje cristiano, en virtud de su origen, debería ser siempre un estímulo hacia la verdad y, así, una fuerza contra la presión del poder y de los intereses.
Hoy, el peligro del mundo occidental -por hablar sólo de éste- es que el hombre, precisamente teniendo en cuenta la grandeza de su saber y de su poder, se rinda ante la cuestión de la verdad. Yeso significa al mismo tiempo que la razón, al final, se doblega ante la presión de los intereses y ante el atractivo de la utilidad, y se ve forzada a reconocerla como criterio último. [ ... ] La razón, celosa de su presunta pureza, se hace sorda al gran mensaje que le viene de la fe cristiana y de su sabiduría, se seca como un árbol cuyas raíces no reciben ya las aguas que le dan vida. Pierde la valentía por la verdad y así no se hace más grande, sino más pequeña. Eso, aplicado a nuestra cultura europea, significa: si quiere sólo construirse a sí misma sobre la base del círculo de sus propias argumentaciones y de lo que en el momento la convence, y, preocupada por su laicidad, se aleja de ¡as raíces de las que vive, entonces ya no se hace más razonable y más pura, sino que se descompone y se fragmenta.
Con esto vuelvo al punto de partida. ¿Qué tiene que hacer o qué tiene que decir el Papa en la universidad? Seguramente no debe tratar de imponer a otros de modo autoritario la fe, que sólo puede ser donada en libertad. Más allá de su ministerio de Pastor en la Iglesia, y de acuerdo con la naturaleza intrínseca de este ministerio pastoral, tiene la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios; y, en este camino, estimularla a descubrir las útiles luces que han surgido a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y ayuda a encontrar el camino hacia el futuro.